Este título es una hipótesis. Se trata del punto de partida de una serie de preguntas y curiosidades que nos propondremos responder a partir de los datos de las últimas elecciones en Panamá.
En medio de una campaña electoral-y no solo en Panamá, sino prácticamente en toda Latinoamérica-son ubicuos los carteles de propaganda donde un candidato al parlamento o a una alcaldía, aparece siempre «amparado» por un liderazgo mayor, generalmente un candidato presidencial o «caudillo» del partido. La lógica puede funcionar: el candidato presidencial o líder arrastra su popularidad a las candidaturas locales (véase el caso de Juan Diego Vásquez)… pero, ¿acaso no podría funcionar también al revés?
Una primera revisión de los resultados de las elecciones de 2024 en Panamá sugiere una situación más compleja. El PRD obtuvo apenas 5.56% en la elección presidencial, pero alcanzó 16.25% en diputados, 16.74% en alcaldes y 22.46% en representantes: el colapso presidencial no se trasladó con la misma intensidad a todos los niveles. MOCA ofrece un contraste: obtuvo 24.59% en la elección presidencial, pero sus porcentajes fueron considerablemente menores en diputados, alcaldes y representantes, explicados, en parte, por su competencia con la Coalición Vamos: MOCA no pudo convertir su éxito presidencial en estructura local.
Este contraste nos retorna a la primera hipótesis: la fuerza electoral de un partido no siempre se distribuye de arriba hacia abajo. En algunos casos, una candidatura presidencial fuerte no se traduce en una estructura territorial igualmente sólida; en otros, una candidatura presidencial débil parece poder coexistir con una organización local capaz de sostener mejores resultados en los cargos locales A este fenómeno lo llamaré, provisionalmente, la escalera invertida.
Pudiese extenderme más, ahondar en posibles explicaciones al éxito de los partidos tradicionales en los cargos menores (desde la prominencia de un liderazgo local hasta los intereses económicos detrás), pero dejemos que los datos, capítulo por capítulo, hablen por sí solos. Por ahora, dejo una pregunta al aire, ¿es posible verdadera fuerza de los partidos políticos?